jueves, 18 de diciembre de 2014

El documental vinotinto que esperabas! Combate y Victoria, la historia de Josef Martínez


Esta es la inspiradora historia de Josef. Un chamo de 21 años, que creció en el barrio "El Combate" de Valencia y desde niño tuvo un sueño: ser futbolista profesional.

Se alimentó y fortaleció de sus propias vivencias, sin bajar los brazos en la adversidad para ir cumpliendo los retos planteados hasta ahora en su carrera.

Así ha podido establecerse en Europa y en la Vinotinto. Hoy en día habla cuatro idiomas y sigue soñando. Visualizando. Siempre en positivo.

"Combate y Victoria" en 41 minutos resume emotivamente la vida del ser humano y del futbolista. Con un mensaje de superación profundo. Que invita a seguir creyendo en el talento venezolano.


Con la participación de:

Josef Martínez
Sebastián Cano (Representante) Humberto Turinese (Amigo)
Alexander Martínez (Padre)
José Martínez (Abuelo)
Andrea Herrera (Abuela)
Ceferino Bencomo (Ex DT Caracas FC)
Héctor Galo (Amigo de la Familia)
Jorge Cano (Padre De Sebastian)
Stefano Mazzariol (Jugador Sub 12 Secasports)

Produccion y Edicion: Ricardo Carmona
Produccion Ejecutiva: Sebastian Cano
Asistencia de Produccion: Luis Miguel Márquez
Narración: Humberto Turinese

martes, 12 de agosto de 2014

¿Cómo los videos se hacen virales?

¿Cómo es que diversos videos caseros y cotidianos saltaron a la fama convirtiéndose en virales?

Kevin Allocca, gerente de tendencias de YouTube, define tres condiciones determinantes para que un video se convierta en un viral con millones y millones de visitas, estas son: que estos sean creadores de tendencias, que generen comunidades de participación y que posean un factor sorpresa. 

Cabe resaltar que estos videos no se quedan solo en la reproducción dada por el usuario, ya que a partir de ellos, muchas veces suben nuevos videos como “respuesta” al publicado. 

En opinión de Allocca, estas son las características de un nuevo tipo de medio y una nueva cultura, de la que todos formamos parte y a la que todos tenemos acceso, donde la libre preferencia de la audiencia es la que define la popularidad

sábado, 19 de julio de 2014

Storytelling - Claves de Carmona Cinemática



Las historias tienen muchas más posibilidades de ser compartidas entre personas. Un concepto en el que cree fielmente Carmona Cinemática.

Cada día aparecen nuevas webs y blogs en Internet. La necesidad de diferenciarnos de nuestros competidores aumenta de manera exponencial. No obstante también nos vamos encontrando por el camino con técnicas novedosas (o que dicen que son novedosas) y que van a facilitarnos la tarea de llegar hasta nuestro público, para que éste nos guarde en su recuerdo y nos tenga en consideración a la hora de tomar una decisión de compra.

El storytelling es una de esas técnicas, pero no es ni mucho menos novedosa. El arte de contar historias para transmitir conocimientos se remonta a tiempos remotos. Ya en la Edad Media se hacía uso de los cantares para narrar hechos y proezas de los caballeros medievales, por lo tanto la herramienta no es nueva, lo que ha cambiado es el contexto de su uso.

Gracias a un buen uso del storytelling podemos llegar a crear una historia que emocione a nuestro cliente y conseguir así el tan ansiado top of mind o marca que primero le viene a la mente al consumidor.

Pero, ¿todas las hitorias son storytelling? La respuesta es no. Si nos quedamos en que el storytelling es el arte de contar historias, nos quedaríamos cortos. No se trata simplemente de narrar hechos, sino de emocionar, de impactar, de hacer que te recuerden.

Les dejamos un corto de Carmona Cinemática basado 100% en el Storytelling.

Mamá Model's View - Día de las Madres 2014 - MVG: http://youtu.be/ilepsZEqMH0

jueves, 17 de julio de 2014

¿Pondrías a tu hija a practicar Modelaje? Aquí te explicamos por que debes hacerlo (Parte 1)

Conociendo lo vanidoso y a veces "vacio" que puede llegar a ser el mundo de la moda, pondrias a una niña de escasos 4 años a dar los primeros pasos en una pasarela?. Les cuento. Yo si lo haría.

Todos conocemos ejemplos de Chicas plásticas, muchísimo ego, fama que dura poco y muchas cosas más. Por muchos años se ha  instaurado en nuestra mente una especie de anti-cultura por las modelos. Potenciado en gran parte por todo el troleo masivo en las redes de las Misses por ejemplo. Muchos recuerdan casos emblemáticos como ¿Que es más fácil pedir perdón o pedir permiso? Un clásico de las respuestas tontas.

Resulta que en Valencia, una chica que fue modelo y que hoy está convertida en una prometedora empresaria se está encargando ella misma de cambiar toda esa percepción negativa que tenemos de las modelos venezolanas.

Hace 8 años Barbara Rodríguez inicio un proyecto de Escuela de Modelaje, la verdad muy motivada porque le tocó vivir toda una pila de desplantes propios del mundo del Modelaje en los inicios de su carrera. Se propuso derrumbarlos y demostrar con sus propias manos que en el modelaje, en los castings y seguramente en la vida no triunfa la cara ni el cuerpo más perfecto, sino que triunfa la actitud.

Continuará...

miércoles, 16 de julio de 2014

El obediente Messi y su autismo Asperger

ESCRITO POR ERNESTO MORALES:

La única vez que vi a Lionel Messi en persona, delante de mí, dos cosas me llamaron poderosamente la atención. Primero: era mucho más frágil de lo que imaginaba. Exceptuando sus piernas, desde luego, todo en él me recordaba a un niño. Si su estatura es 8 centímetros más baja que la mía, su torso es la mitad de estrecho que el de un adulto promedio, como si se tratara de un adolescente cuyo tórax no se terminó de desarrollar.Segundo: Lionel Messi no disfrutaba aquel espectáculo de luces y flashes y autógrafos pedidos y cámaras de televisión con reporteros que, como yo, intentaban obtener una reveladora entrevista suya. Recuerdo haber pensado: este chico, solo quería jugar. Y lo han traído de la mano a esto.Era el año 2012, acababa de ganar su tercer Balón de Oro, y estaba en Miami como parte de esa gira esperpéntica llamada “Messi & Friends”, organizada por la fundación que lleva su nombre, donde se desarrollaban partidos entre dos equipos-frankenstein, armados a como diera lugar con jugadores estelares, para exhibición y recaudaciones benéficas.La lectura del marketing podría ser esta: “El mejor jugador del mundo dedica sus vacaciones a jugar fútbol para recaudar dinero con fines benéficos”. La lectura un poco más profunda sería otra: “Un chico que solo quería jugar al fútbol, debe cumplir también en sus vacaciones con obligaciones, sin descanso, porque la maquinaria de dinero, de publicidad, exige fundaciones como la suya, benéficas, para paliar los impuestos millonarios a sus ingresos”.

De repente debía ganar más dinero para que le quitaran menos de su dinero. Y del dinero de su padre. Y del dinero que le generan Adidas, y Head & Shoulders y Doritos y la retahíla de transnacionales que pagan por su imagen. Y Leo Messi, cuando empezó todo esto, con cinco añitos, solo quería jugar al fútbol. Esa linda y sobrecogedora palabra: jugar.

Cuando Lionel Messi me firmó el tennis que guardo en una vitrina de mi casa, apenas me miró, aquella tarde en los vestuarios del Sun Life Stadium. No miraba a nadie. No podía. Sus pupilas no tenían forma de fijarse en ningún punto concreto: tenía cien flashes encima, ocho cámaras de televisión, y un cordón de guardaespaldas liderado por su tío que no por ser su tío tenía la complexión del sobrino. Es bajo como él, pero es un pequeño Neandertal con brazos de orangután. Tengo el recuerdo grabado en la memoria con espantosa fijación: aquel chico, tres años menor que yo, literalmente no podía dar un paso con libertad. Su cara era una forma de la angustia sobrellevada.

En los vestuarios del stadium de Miami conversaban y se cambiaban esa tarde, con total naturalidad, futbolistas de élite como Radamel Falcao, Didier Drogba, Fabio Cannavaro y Diego Forlán. Ellos podían, aunque fuera a trompicones, tener una vida normal. Se tomaban un par de fotos, hablaban entre ellos, socializaban incluso con nosotros los periodistas. Lionel Messi no. Adidas exigía, como parte de los acuerdos contractuales de esta gira benéfica, seguridad personalizada a toda hora y en todo sitio. Y a toda hora y en todo sitio incluía también las duchas. Messi no podía bañarse y cambiarse en el mismo vestuario que el resto.

Y todo esto había empezado en un barriecito de Rosario, Argentina, veinte años atrás, con un chiquillo que solo quería jugar al fútbol.

Messi no nació normal. Además de la deficiencia hormonal que le obligó a mudarse a Barcelona en su infancia para recibir tratamiento durante años, nació con una forma leve de autismo descubierta por el psiquiatra y pediatra austríaco Hans Asperger.

Cuando en este 2014 Messi dijo que no sabía nada de sus cuentas bancarias y deudas con Hacienda, que todo eso lo llevaba su padre, difícilmente no estuviera diciendo la verdad. No solo porque su genio es para el fútbol, no para la economía y la mercadotecnia, sino porque él solo ponía las piernas. Su síndrome de Asperger da para una concentración extraordinaria en un asunto (en su caso el fútbol), y para nada más. Los cerebros que controlan los hilos de su nombre y su marca y su cotización, empiezan en su padre y terminan, quién sabe, en una red de abogados y firmas donde cada cual saca su apetitosa tajada.

A Messi, su padre le decía: “Tú juega al fútbol. Déjame el resto a mí”. El chico al que ni la escuela, ni otros deportes, ni la televisión ni los viajes le interesaban, el rosarino pequeñito de 10 años, al que solo le interesaba inyectarse los muslos para poder jugar al fútbol, de repente se descubrió debiéndole 35 millones de euros a Hacienda.

Cuando Lionel ganó su primer Balón de Oro, en 2009, el escritor uruguayo Eduardo Galeano dijo que a Messi deslumbraba verlo porque no había dejado de jugar como un chiquilín de barrio. Era verdad. Así jugaba Lionel. Y así no juega ya. Por el camino, en esa línea que debía ser recta entre un deportista fascinantemente talentoso y el deporte que solo quiere practicar, han entrado a jugar otras demasiadas variables que en nada son poéticas ni ingenuas como la palabra jugar.

De repente Messi se vió con un peso sobre sus hombros: ser el sustituto de Maradona. Él no lo pidió. El solo pidió jugar al fútbol. Pero su país y nosotros, los hinchas, le otorgamos esa empresa como quien envuelve el mapa del tesoro en la piel de un animal, y lo pone en manos de un héroe que debe partir.

De repente se vio, además, como una industria de hacer euros. Lo mismo posando en calzoncillos, que vistiendo los carnavalescos trajes de Dolce & Gabbanna, que lavándose la cabeza con champú que de seguro ni usa. Pero eso le decían sus asesores, sus familiares, sus abogados, que debía hacer. Un rasgo distintivo de los síndromes de Asperger es su noble capacidad para obedecer. Messi terminó siendo como todos quisieron que fuera.

Y después vinieron los Balones de Oro. No importaba que él solo balbuceara una y otra vez que solo quería jugar al fútbol. Nada de eso. Tenía que ser la estrella del circo. Tenía que exhibirse como el principal gladiador del coliseo romano. Uno tras otro los Balones de Oro que la FIFA le arrebató a una revista francesa, madre de la iniciativa. Toma. Ahí los tienes. Eres el mejor del mundo. No nos basta con tu juego hermoso, divertido, de fantasía. No es suficiente con que hagas más bello este deporte todavía. Tienes que ser nuestra cabeza de turco. Nuestro fantoche. Algo que vender, porque te van a comprar: eres demasiado bueno.

¿Porque él los quería? No, casi de seguro: porque nosotros los queríamos. Nosotros, los consumidores adictos al fútbol. Los que exigimos cada vez más torneos, aunque los futbolistas tengan cada vez menos piernas. Y nosotros pagamos por eso. Pagamos por camisetas, por membresías de clubes, entradas a stadiums, juegos de Playstation, posters. Nosotros pagamos, la industria pone luces, cámaras y acción; los futbolistas, llámense Messi, o Cristiano, que pongan sus muslos y sonrían.

Y uno termina preguntándose si aquel chico se acordará, entre tanta vorágine y tanta podredumbre, de que él solo quería jugar al fútbol. Como otros queríamos ganarnos la vida escribiendo, otros bailando, y otros pintando cuadros. Divertirnos, solo eso.

El primer gran enemigo de la FIFA, casualidad macabra, es el hombre cuya Historia ha atormentado al rosarino Messi, sin ninguno de los dos quererlo. Es un atorrante incontenible, un comunista vomitivo y futbolista sin comparación posible, llamado Diego Armando Maradona.

Maradona se ganó la animosidad de la FIFA por hacer algo impensable, digamos: denunciar a los cuatro vientos que esa banda de rufianes que había organizado al fútbol alrededor de cuatro letras, se comportaba como una mafia sonriente con todo el poder del mundo, sin oposición o control posible.

Muchos se preguntan, de no haber sido Maradona el enemigo declarado de la FIFA si su carrera habría sido truncada de forma tan escandalosa por aquel positivo a la endorfina, en 1994. No era el primero, no sería el último en dar alterado en un test de doping. Con Maradona, el bocón, el bastardo, no hubo atenuante posible. La FIFA sonreía.

Hoy, rebelarse contra la FIFA es prácticamente imposible si quieres patear balones de manera profesional. El organismo tiene impunidad para, por ejemplo, no pagar impuestos y derogar leyes vigentes en los países donde celebra sus torneos si estas afectan sus intereses económicos. Y está dirigida por un señor mayor llamado Joseph Blatter desde hace 16 años. Blatter es solo 10 años más joven que Fidel Castro, y para mí, oriundo de un país donde las entronizaciones del poder han sido cosa de más de medio siglo, me aterra cualquier mandato demasiado extenso. Más, si el organismo dirigido se autodefine como sin fines de lucro y tiene fondos de reserva en bancos suizos (la casa natal de Blatter) por mil millones de dólares.

Y esa es la organización que decide las vidas de chicos como Lionel, como James, como Suárez, como Cristiano. Jóvenes de entre 20 y 28 años que comenzaron viendo el fútbol no como un empleo, no como una forma de hacer dinero, no como mira un lobo de Wall Street los indicadores del Dow Jones: apenas niños que querían divertirse jugando al fútbol.

Las lágrimas de Cristiano Ronaldo al recoger su segundo Balón de Oro, no tienen falla: eran lágrimas de presión. Lágrimas de tensión acumulada. De miedos impuestos por una industria donde todos, sus seguidores y detractores, le exigimos cada vez más, cada vez mejor, cada vez más espectacular. El colmo de lo grotesco: Cristiano Ronaldo debió jugar la final de la Champions League con una orden comercial en su cabeza: “Si marcas un gol, te quitas la camisa, vas hacia el corner, y gritas y sacas músculos, lo más fuertemente que puedas”. ¡Filmaban una película sobre él! ¡Había que lanzar más carne al hambre del espectáculo!

Cristiano, como Messi, solo quería en un principio jugar al fútbol. Hoy, ambos, son los gladiadores que ganan millones despedazándose en medio del coliseo, mientras nosotros decidimos, en las gradas, si con un pulgar arriba o un pulgar abajo, se les perdonan o si se les salvan sus vidas. Nosotros los hemos puesto a pelear entre sí. Probablemente sin nosotros, sin la industria que nos satisface el morbo de la rivalidad malsana, ellos serían amigos o poco menos.

Admitámoslo: esto es grotesco. Esto es una mierda.

Alguien depositó en las neuronas de Lionel Messi una responsabilidad: tienes que ser el mejor de todos los tiempos. No basta con que juegues maravilloso. Tienes que ganar el Mundial, de lo contrario, no serás el mejor de todos los tiempos. Así llegó este chico a Brasil. No como quien viene a una fiesta, lo que debería ser. No como se va a competir con dedicación, pero con disfrute. No. A él se le exigía golear, correr, y ganar.

Se lo exigía Adidas. Se lo exigía el contrato de mejor pagado del mundo que firmó con Barcelona. Se lo exigía su mercantil padre. Se lo exigía la separatista Catalunya. Se lo exigía una Argentina donde ni siquiera tuvieron a bien ponerle inyecciones de crecimiento cuando chico. Se lo exigía una legión de detractores que, crueles como somos los hinchas futboleros, emplea adjetivos mordaces y destructivos, adjetivos que vendrían bien a asesinos seriales o dictadores de pueblos, no a jóvenes que corren detrás de un balón. Se lo exigía yo. Sí: también se lo exigía yo mientras veía hoy el partido con mi hijo de seis meses sobre mis piernas.

Messi ha fallado. Messi miraba al cielo en el momento de mandar ese tiro libre a las nubes. El mismo que otras veces se clavó en la red, hoy fue a parar al cielo de Río a donde doscientos mil argentinos ponían sus rezos para que el equipo no se fuera así, sin más. Y Messi era el culpable. Era culpable de no estar ya a su mejor y más rutilante nivel, y, oh pecado, era culpable de no ser ya el mejor de la Historia.

De repente lo recordé caminando delante de mí, dos años atrás, firmándome aquel zapato con las pupilas dilatadas por tanto bullicio y luces alrededor de él. Recordé su cara de angustia, de quien quiere desaparecer y tumbarse en el sofá a ser un tipo simplemente normal: la misma cara con la que recogió, en el sopor de la máxima humillación, el último premio que todavía hoy le tenía la FIFA listo, contra toda lógica y toda comprensión.

Yo vi a Messi esta tarde y de repente sentí lástima por él, y por la tragedia silenciosa que es toda esta profesionalización, esta industria de circo, descarnada, indoliente, donde tantos futbolistas se han suicidado y a otros tantos les ha explotado en la cancha el corazón; esta industria donde se coronan a héroes y se desguazan a derrotados; esta cultura despiadada donde miles de periodistas como yo escribirán hoy sus crónicas de la derrota y con un dedo señalarán, señalaremos, todos a Lionel Andrés, un muchachito de un metro sesenta y nueve centímetros, medio autista y medio genio, que no pidió ser el mejor de nada, que no soñaba con Balones de Oro ni cláusulas de 250 millones en Barcelona, y al que solo, en realidad, le interesaba poder divertirse un poco jugando al fútbol.


martes, 15 de julio de 2014

Nuevo Video en el canal Belleza para Llevar!

No te pierdas este nuevo tutorial en su canal de Youtube!


Un nuevo material de Carmona Cinemática para Bárbara Rodríguez en el proyecto #BellezaParaLlevar @Barbirodriguez. Esta vez veremos como hacer una colita bien especial decorada con una peineta de flor tipo orquídea de nuestros amigos de Dulcinea Headbands.

Disfruten el video y no olviden compartir por Twitter y Facebook!

Siguen las menciones en apoyo al Documental COMBATE Y VICTORIA

Gracias al gran Humberto Turinese @hturinese por compartir también vía Twitter lo que será el Documental de uno de los jugadores con mayor futuro en Venezuela. Aquí les dejo el tweet:


COMBATE Y VICTORIA, documental de Josef Martínez (LaVinotinto.com)

La historia de como se superan las barreras

Gracias a los amigos de LaVinotinto.com por la mención del estreno del trailer con la historia de Josef Martinez. Aquí les dejo el post:

Buscando recrear la vida de uno de los futbolistas mas destacados afuera de nuestras fronteras y de la selección venezolana de fútbol, el documental COMBATE Y VICTORIA, es un merecido perfil de Josef Martínez.
Ha sido uno de los pocos en llegar a la Serie A de Italia, superando numerosas barreras. El documental narra la historia con sus protagonistas desde sus inicios hasta los actuales momentos.

lunes, 14 de julio de 2014

El Doctor de Las Vinotinto - Un gran salto de lo físico a lo motivacional

Ningún seleccionado venezolano de fútbol en ninguna categoría había logrado lo que logro la selección vinotinto femenina sub 17. Salieron campeonas sudamericanas y en el mundial FIFA obtuvieron un histórico cuarto lugar perdiendo únicamente ante la selección japonesa que a la postre se titularía campeona.

Es increíble pensar que estas niñas que aún hoy reciben tan poco apoyo, fueron capaces de alcanzar tanto o más que selecciones como la de Italia o la de España con una superior tradición futbolística y donde los eventos y clubes femeninos son tan prominentes.

Esto nos llevó a indagar un poco y de inmediato encontramos a una figura del cuerpo técnico que pocos conocen, y cuyo trabajo verdaderamente traspasó las barreras de lo cotidiano para convertirse a mi parecer en una de las piezas fundamentales de este equipo. No se trata del técnico panameño Kenneth Zseremeta, cuya labor es digna de estudio, con el fin que quede registro de los logros en las futuras generaciones de Venezuela y de este lado del planeta. Esta historia es acerca de José Gregorio Ramírez, El doctor de las selecciones nacionales femeninas.

José Gregorio Ramírez
El doctor de la Vinotinto Femenina
José Gregorio es una persona que habla poco, con un tono marcadamente andino y es de esas personas que cuando cruza palabras con cualquiera lo hace de una manera muy profesional. Lo conocí durante una de las concentraciones previo al mundial y al poco tiempo empecé a comprender la labor de esta gran persona. Tiene un agudo sentido de la observación en esto de manejar grupos particularmente en edad adolescente, factor que le ha conferido una especial confianza ante el seleccionador panameño.

Tal es la confianza que deposita el seleccionador en José Gregorio que vimos delegar en el charlas al grupo por alguna falla disciplinaria, natural en estas edades y que el doctor sabe manejar con especial atención. Recuerdo me dijo en nuestras conversaciones que aunque parezca en algunos momentos que son niñas que no escuchan los plantamientos de los técnicos en lo personal y de comportamiento, él sabe que siempre algo del mensaje les llega, por lo cual se ha encargado y dedicado personalmente a predicar su mensaje una y otra vez sabiendo cómo llegarle a las niñas.

Pudo haberse limitado a diagnosticar y tratar las lesiones de un plantel corriente, pero no. Es de ese tipo de personas que llevan a su país y su aporte a la selección bien tatuado en el corazón. En este sudamericano se dedicó a entender a cada una de las chicas y detectar cuales eran las más motivables tocando fibras cada vez más efectivas. Es durante el viaje a Paraguay incluso antes de empezar el sudamericano que observó a un grupo de las chicas en el área de espera del aeropuerto emocionarse mucho con la canción Vivir mi Vida de Marc Anthony. Sospechó que si esa canción la hacía contagiar de risa y alegría, pudiera ayudarlas para los partidos. 

Luego planificó una muy peculiar estrategia motivadora que daba justo en el clavo. El sabía lo difícil que fue para estas chicas después de 7 módulos de concentración (incluyendo uno que superó los 2 meses, quizás una de las concentraciones más largas en cualquier categoría). Aprovecho La presión, el trabajo físico extremo, y el trabajo táctico diario que vivieron las niñas y les explicó muy de frente que habían pasado más de 4 meses en concentraciones, más de 200 días, más de 10.000 minutos y que Paraguay para ellas sería un módulo más. Es más que era aún más fácil porque sólo era un módulo de 630 minutos (7 partidos de 90 minutos)  que sólo tenían que esforzarse esos minutos. Seguidamente se acercó a un equipo de sonido colocado en los camerinos y les coloco la canción Vivir Mi Vida, a lo que las chicas respondieron con bailes, disfrute, saltos y alegrías que las relajaban previo a un encuentro cargado de presiones. 

Partido tras partido el doctor repetía su mecánica descontando en cada partido 90 minutos más y acercando a estas niñas a lo que sería el triunfo más histórico en el largo recorrido del fútbol venezolano. Convirtiéndose en uno más de ellas como lea mostramos en el video disponible en nuestro canal. 

Es increíble pensar que el ánimo que aporte un doctor puede influir en el desempeño de unas chicas, pero estoy seguro que sin esa persona, ese que aportó su grano de arena sin ser su función y que supo sacar ventaja de situaciones reales no tendríamos en nuestra vitrina nuestra única Copa Conmebol y nuestro histórico 4to lugar a nivel mundial. Bravo Venezuela!, bravo guerreras!, Bravo Doctor! 

Hoy Todas las niñas lo respetan, muchas lo aprecian y entienden su valor e incluso buscan apoyo moral en él cuando lo necesitan.  El es el Doctor de Las Vinotinto.